A la hora de ofrecer nuestra aplicación a un puesto laboral, cuidamos con esmero la presentación de nuestra experiencia laboral, estudios, introducción… pero hay un detalle que muchos candidatos pasan por alto: la pretension laboral, también llamada pretension salarial.

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La pretension salarial, un detalle que dice mucho del candidato

Es habitual leer en las ofertas de empleo que publican las empresas, solicitar al candidato que especifique cuál es su pretension salarial, a cuánto asciende la retribución deseada.

También es una pregunta típica de entrevista.

¿Qué vamos a responder? Veamos las opciones:

  • Tipo A: Son las respuestas en las que el candidato no se preocupa por su retribución, lo deja en manos de la empresa, por el motivo que sea (usualmente para que sea más atractiva su contratación frente a otros aspirantes). Frases típicas son del tipo: “Deseo comenzar a trabajar en su compañía por la oportunidad de desarrollo que me brinda, no importa lo que gane”, o también “me gustaría cobrar lo que sea justo y su empresa considere oportuno”, “no lo sé”, etc.

 

  • Tipo B: En este caso, fijamos una cantidad marcada y se convierte en nuestra tarjeta de presentación. “Quiero cambiar de empresa para mejorar mis ganancias”, o también “Deseo ganar este dinero mensualmente, más pagas extras.”

 

  • Tipo C: Se da respuesta normalmente al final de nuestra presentación o entrevista, en base a un razonamiento estudiado y pormenorizado, aunque breve y escueto, de nuestra pretension salarial. Por ejemplo: “Mi pretension salarial se establece en la media de mi sector, aplicando una corrección por mi experiencia anterior y la responsabilidad a desempeñar, situándose en torno a esta cifra.”

¿Cuál crees que es la respuesta correcta?

Efectivamente, casi seguro que pensaste en el Tipo C. Parece evidente que la empresa desea una propuesta seria, pensada, lógica, propia de un candidato responsable que ha hecho sus deberes antes.

¿Pero es eso así en realidad?

El caso del Tipo A

Es el más común y habitual, sobre todo en cargos que tienen un cierto recorrido de aprendizaje y ofrecen aspectos golosos para una carrera laboral o un desarrollo. El candidato desea el empleo, no solo por su paga, sino también por sus ventajas asociadas.

Por tanto, muchos están tentados a ceder en la parte económica, poniéndolo en manos de la empresa. Es un error.

Problemas de este tipo de planteamiento:

  1. Genera desconfianza: Un candidato que no sabe qué cobrar, o que infravalora el valor de su experiencia y competencias con respecto al mercado, puede ser una mala elección, ya que esa manera de pensar se trasladará a la propia empresa que lo contrata.
  2. Muestra dejadez: Si quedamos con alguien que nos gusta para ir a cenar, lo normal es ir bien arreglados y aseados, luciendo buenas vestiduras. Queremos dar buena impresión. Lo mismo sucede con las empresas. Si ven que no nos hemos molestado en estudiar el puesto y su remuneración correcta, posiblemente vean desinterés en nosotros.
  3. Pone la negociación en manos del empleador: Y si te aceptan, posiblemente luego te arrepientas, ya que los incrementos salariales serán porcentuales en base a esa primera negociación. Y cuando el entusiasmo inicial pase, empezarás a plantearte por qué no pediste una cifra superior.
  4. Puede mostrar inexperiencia y desconocimiento: Una falta de conocimiento de las retribuciones habituales de nuestro sector muestra que carecemos de experiencia laboral y contactos dentro del mismo que nos hayan informado de ello.

Como vemos, fijar la pretension salarial antes de aplicar nuestra candidatura es muy recomendable.

¿Pero cómo lo hacemos?

El caso del Tipo B

Al contrario que en el caso anterior, otra opción es dejar claro desde el principio cuál es nuestra pretension salarial: así no le hacemos perder el tiempo a la empresa y no lo pierdo yo tampoco.

Es un error.

Problemas de este tipo de planteamiento:

  1. Genera desconfianza: La empresa tendrá la sensación de que la consideración del candidato por el puesto ofertado está simplemente en la retribución económica, y no en el resto de valores que puede ofrecer. Eso nos convierte en “mercenarios”, y facilita que nos vean como alguien que los puede abandonar en cualquier momento si aparece una oferta mejor.
  2. Nos sitúa en desventaja frente a otros candidatos: Posiblemente, para empezar a negociar en nuestro terreno, tengamos la tentación de pedir una cantidad que sea justa para nosotros, pero no la habremos argumentado posteriormente, sino que lo hacemos sin explicaciones, antes incluso de vender nuestro recurso como valioso. Otros candidatos podrían entonces estar en un rango más bajo de salario y ofrecer mejores argumentos.
  3. Da una visión pretenciosa si no damos razones: Si no explicamos por qué pedimos una determinada pretension salarial, posiblemente no coincidamos con los criterios de la empresa.

O sea, que realmente tampoco es una de las opciones más recomendables.

 

El caso del Tipo C

Viendo los problemas que plantean ambos casos anteriores, vamos a ver la forma correcta de poner nuestra pretension salarial de una manera clara, profesional y que dé buena imagen de nuestra candidatura.

Lo primero que vamos a hacer es estudiar el salario medio del mercado para el puesto ofertado.

Existen varias herramientas web para ello, y las principales empresas de empleo online tienen estadísticas por países y responsabilidades, con horquillas.

Por ejemplo, si optamos por un puesto de Programador C++ Junior, tendremos una horquilla de salarios dentro de la cual podremos movernos en función de nuestra experiencia, salario actual y expectativas.

Después, pensaremos en las ventajas competitivas de nuestras competencias, experiencia, estudios… y aplicaremos una corrección en esa horquilla.

Recordemos razonar todo esto en la entrevista, y en nuestra carta de presentación solo si se nos pide expresamente. Pero hazlo de una manera resumida y precisa, concreta.

 

Por ejemplo:

La empresa nos pide expresamente que indiquemos nuestra pretension salarial en la carta de presentación.

En la última parte de la misma (nunca antes, recuerda que antes tienes que mostrar tu valía) podrías añadir algo así:

“Mi pretension salarial para el puesto ofertado se sitúa en la media retributiva que actualmente se considera habitual según las estadísticas para Guatemala en el sector. Mis competencias específicas para el puesto, y la experiencia adquirida, sitúan mi pretension salarial en una horquilla de $49,000-$59,000. Por supuesto, se trata de una orientación para su conocimiento, pues otros factores influyen enormemente en el cómputo final.”

Con este texto, dejas claro que conoces tu valor, pero también permites negociación a la empresa, añadiendo que no solo es cuestión de dinero bruto, sino también de las ventajas añadidas, como pueden ser servicios extras, pensiones, sanidad privada, posibilidades reales de promoción, cursos internos, etc.

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La sobrecalificación y el salario

Este es un problema común que a veces es difícil de abordar, pero que realmente tiene una única vía: la ventaja competitiva. Recuerda que la pretension salarial depende del cargo o función a desempeñar, y no tanto de la valía intrínseca del candidato fuera de los requisitos solicitados.

Hoy día la sobrecalificación puede ser un problema, pero no tanto por motivos salariales, que es lo que estamos viendo en este artículo, sino por la volatilidad del candidato.

Muchos departamentos de recursos humanos creen que alguien sobrecalificado tenderá a buscar pronto un trabajo más acorde a sus habilidades, donde posiblemente también cobre más, y abandone su puesto antes de lo esperado.

En cualquier caso, es mejor ser honesto y explicar a la empresa con sinceridad si vamos a continuar con ellos durante mucho tiempo o no.

Hay empresas que buscan precisamente candidatos que tengan movilidad, incluso para cambiarlos internamente a un cargo de mayor capacidad si fuera necesario.

 

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